La Ciencia Según el Modelo Védico III

¿Actúa Dios en contra de las leyes de la naturaleza?

(por Juan Carlos Ramchandani)



ERNAN MCMULLIN (1924-2011), quién fuera físico, filósofo y sacerdote católico de la universidad de Notre Dame, dedicó mucho tiempo a pensar en la relación existente entre la religión y la ciencia moderna. En la introducción a su libro Evolución y creación, ofrece algunos consejos que denomina "una valiosa guía para el cristiano contemporáneo":

Cuando aparece algún conflicto aparente entre alguna teoría científica sólidamente fundamentada y algún aspecto de la doctrina cristiana, el cristiano debe analizar con sumo cuidado los fundamentos de dicha doctrina. Bien pudiera suceder que, al hacerlo, la idea científica facilite una m s adecuada formulación de la doctrina.

McMullin aplica este consejo a la pregunta de cómo puede reconciliarse la doctrina cristiana de la creación con la teoría de la evolución neo-darwiniana. Muchos creacionistas cristianos han mantenido que la creación divina es un proceso sobrenatural que no puede comprenderse por medio de los principios físicos. Pero McMullin ofrece una posibilidad alternativa según la cual la creación se contempla como un proceso de evolución que se produce en acuerdo a las leyes naturales.

Fundamenta esta idea en algunos aspectos expresados por San Agustín. San Agustín mantenía que el Génesis de la Biblia se refiere a un proceso de creación instantáneo donde Dios implanta "principios semilla" en la materia informe. Estos principios semilla no son formas creadas definitivas. En vez de ello contienen el potencial para, gradualmente, manifestar dichas formas.

McMullin admite que San Agustín pensaba que cada forma creada se desarrollaría a partir de su propio principio semilla. La idea de que a partir de una especie pudiera desarrollarse otra era algo muy alejado de su pensamiento. Pero McMullin señala que la idea de San Agustín puede adaptarse al pensamiento evolutivo moderno. Los principios semilla podrían ser las leyes de la naturaleza impuestas por Dios a la naturaleza informe en el momento de la creación (Big Bang). Ya que Dios es omnisciente y omnipotente, puede crear leyes que produzcan de manera gradual la manifestación de todas las formas creadas del universo, incluidos los seres humanos.

Estos desarrollos evolutivos graduales no son otra cosa que el despliegue del plan original de Dios, y no requieren ninguna otra "intervención divina" que violara las leyes naturales de Dios. Es de ese modo como McMullin logra formular una idea de la creación evolutiva que se halla en acuerdo con la ciencia moderna y "complementa las creencias cristinas".

¿Es posible aplicar el planteamiento de MacNullin para reconciliar la Bhagavad-gita con la ciencia moderna? Desde luego que el tema de la evolución es delicado y controvertido. Por lo tanto hemos de estar alerta a la hora de considerar la idea de que la naturaleza obra de acuerdo a unas leyes divinas creadas. Veamos si la Bhagavad-gita apoya esta idea.

Krishna dice en la Bhagavad-gita (9.8): "El orden cósmico en su conjunto se encuentra bajo Mi orden. Se manifiesta de manera automática una y otra vez según Mi voluntad, y según Mi voluntad se aniquila al final". Krishna está diciendo en estos versos que la naturaleza material (prakriti) se manifiesta de manera automática (avasam). Krishna también dice (13.30), prakrityaiva cha karmani kriyamanani sarvasah. Lo cual significa que las actividades materiales son llevadas a cabo en todos los aspectos por la naturaleza material (prakriti). Lo cual sugiere también que prakriti actúa automáticamente, una idea que el siguiente verso confirma con una cita prácticamente idéntica (3.27): prakriteh kriyamanani gunaih karmani sarvasah. Krishna también dice (13.20) que las transformaciones de la materia y las de los seres vivos son ambas fruto de la naturaleza material.

En conjunto, pues, podría decirse que la Bhagavad-gita está de acuerdo con la conclusión científica moderna que afirma que todos los fenómenos materiales actúan de acuerdo a las leyes de la naturaleza. Estos fenómenos cuentan con la dirección divina en el sentido de que son creados y mantenidos por Dios.

Podría además sugerirse que Dios jamás se ocupa en ninguna "intervención divina", porque de otro modo quebraría Sus propias leyes (y violaría las conclusiones de la ciencia). A partir de las observaciones de McMullin se desprende que lo mejor que podríamos hacer es comprender la Bhagavad-gita en esa óptica. En definitiva, si creemos que Dios en ocasiones quiebra las leyes de la naturaleza, lo m s seguro es que lo haga aprovechando que los científicos no miran.

Lo cual significa que estamos intentando ajustar a Dios en las lagunas de nuestro conocimiento científico. McMullin advierte, "Hacer de Dios, un 'Dios de las lagunas es un negocio arriesgado. El cubrir las lagunas es oficio de la ciencia. El que disminuya nuestra fe ante presencia de lagunas existentes en la cadena expositiva es enfrentar la religión contra la ciencia".

Si invocamos a un "Dios de las lagunas" estamos en peligro de ponernos en un aprieto, si se diera el caso de que la ciencia descubriera las lagunas demostrando que somos unos estúpidos. Para demostrar los inevitables resultados de esta necedad, McMullin cita una frase de San Agustín:
“Si aquellos que se hallan atados por la autoridad de la escritura descubren a un cristiano que se ha equivocado en un campo que ellos mismos conocen bien y le escuchan basar estúpidas opiniones en las escrituras, ¿cómo van a creer lo que las escrituras afirman al respecto de la resurrección de los muertos? Si piensan que las páginas de las escrituras están repletas de falsedades referentes a hechos que ellos han aprendido de la experiencia a la luz de la razón”.
Podemos parafrasear lo anterior preguntando: ¿Cómo va la gente a creer en las escrituras del hinduismo si los devotos les dicen que estas escrituras están repletas de citas en contra de la ciencia moderna? San Agustín ha encontrado un buen argumento, y McMullin responde llamándole "un hombre con buen sentido".

Pero podemos enfrentarnos con un problema al respecto. ¿Qué sucede en el caso de que las escrituras realmente hacen afirmaciones que se enfrentan a la ciencia moderna? ¿Cuán lejos puede irse en la interpretación? Para dar una muestra de lo que afirmamos, consideremos algunas citas procedentes de la Bhagavad-gita. En principio, ¿es válido interpretar prakriti como la naturaleza material en el sentido que le dan al término los científicos físicos? Krishna dice: "Tierra, agua, fuego, aire, ‚éter, mente, inteligencia y ego falso, estos ocho elementos constituyen mi energía material separada". (Bg. 7.4) Está claro que los científicos modernos aceptan la tierra, agua, fuego y aire como formas de la naturaleza material, y el éter pudiera aceptarse si lo identificamos como el continúo tiempo-espacio curvado de Einstein. Pero los físicos modernos no hacen referencia alguna a la mente, inteligencia y ego falso como energías materiales separadas. Un estudio cuidadoso demuestra que la Bhagavad-gita y el Srimad-Bhagavatam describen la mente, inteligencia y ego falso como energías materiales en las que no entra en composición la tierra, aire, agua, fuego y éter. Según estos textos, la mente provoca los pensamientos que gobiernan la conducta del cuerpo. Lo cual significa que el cuerpo físico es influenciado por un cierto tipo de energía denominado mente (manas), desconocida para la ciencia moderna.

Así que aunque en la Bhagavad-gita se afirme que los fenómenos materiales se producen de manera automática regidos por las leyes de la naturaleza, hemos de reconocer que las leyes de la Naturaleza descritas en la Gita son bastante diferentes de las leyes de los físicos modernos. Si la Gita está en lo cierto, tendríamos que el pensamiento no es únicamente producto de la actividad cerebral, sino que requiere la actividad de un tipo de energía del que la ciencia no sabe nada en absoluto.

Esto pudiera ser cierto, pues existe un gran vacío respecto a la comprensión científica del cerebro. ¿Por qué habríamos de suponer que si la ciencia llena este vacío algún día lo hará con la teoría física de la actividad cerebral, con la que la mayoría de los científicos modernos están de acuerdo en la actualidad? Los científicos, por lo general, creen que el cerebro controla la mente. Pero pudiera producirse una teoría que afirmara que es la mente la que controla al cerebro.

Otro aspecto es que, en acuerdo a la Bhagavad-gita, Dios sí interviene en el curso de los asuntos naturales. Las transformaciones de la materia debidas a la ley natural son automáticas en parte, del mismo modo que las funciones de un ordenador en el que trabaja un humano.

La Bhagavad-gita (13.23) define el papel de la Superalma de la manera siguiente: "En el cuerpo existe alguien más, un disfrutador trascendental, que es el Señor, el propietario supremo, que existe como supervisor y aprobador, y que recibe el nombre de Superalma". Las palabras supervisor (upadrasta) y aprobador (anumanta) indican que la Superalma se encuentra a cargo de las actividades de cada persona. Lo cual significa que las decisiones de la Superalma son las que determinan la conducta del cuerpo físico de la persona.

Se concluye, por tanto, que el cuerpo no sigue estrictamente las leyes de la física. Si lo hiciera, el papel de la Superalma como controladora sería una farsa, pues Sus decisiones siempre habrían de estar de acuerdo con un sistema de ecuaciones diferenciales.

Ni tampoco podemos afirmar que la Superalma ejerce control dirigiendo los sucesos fortuitos de la teoría cuántica. La cualidad fortuita de la mecánica cuántica puede quesiempre cumpla las estadísticas cuánticas, y ello significa que puede parecer caótica como los crujidos de un contador Geiser cerca de alguna sustancia radiactiva. Por supuesto que la Superalma puede crear efectos fortuitos si así lo desea. Pero decir que la Superalma deba siempre actuar en la manera caótica que dictan las estadísticas cuánticas sería contradecir Su posición de supervisor y aprobador.

En la Bhagavad-gita (15.15) Krishna dice: "Yo estoy sentado en el corazón de todos y de Mi proviene el recuerdo, el conocimiento y el olvido". Podría, en este caso argumentarse de manera convincente que Krishna sencillamente puso en acción todas las cosas en el momento de la creación de tal modo que provee de recuerdo, conocimiento y olvido a todos los seres sensibles que m s adelante se desarrollan.

Pero esta interpretación no se mantiene ante el verso de la Bhagavad-gita (10.10): "A aquellos que se encuentran dedicados a Mí de manera constante sirviéndome con amor, Les ofrezco el entendimiento mediante el cual pueden venir a Mi". Esto indica que Krishna presta una atención personal a los individuos.

En su comentario a este verso Srila Prabhupada escribe que Krishna da instrucciones desde el interior de manera que podamos "en última instancia, llegar a Él sin dificultad". Por supuesto, cuando alguien recibe tales instrucciones, el resultado es que la conducta de tal persona cambia. En otros términos, Krishna reciproca específicamente con cada persona de modo observable, que no puede ser medido por ningún sistema impersonal de leyes físicas. Esta conclusión la mantiene también la Bhagavad-gita (10.11): "Para demostrarles Mi misericordia especial, Yo, que moro en el interior de sus corazones, destruyo con la resplandeciente luz del conocimiento la oscuridad fruto de la ignorancia".

McMullin presenta su cuestión: "Si la naturaleza es completa en su propio orden, si no existen barreras para la ciencia, ¿no habría que dejar a un lado la creencia en un creador como si de algo superfluo se tratara?" Mucha gente inteligente puede sentirse inclinada a responder que si la naturaleza es en verdad completa en sí misma, la creencia en un creador, tal y como se describe en la Bhagavad-gita, debería dejarse a un lado.

Pero, ¿por qué hemos de pensar que el orden de la naturaleza, tal y como lo contemplan los científicos contemporáneos, es completo? Si la ciencia logra llenar los vacíos existentes en nuestro conocimiento actual, podría surgir una idea inesperada y radicalmente nueva de la realidad. Puede que la ocupación de los científicos sea el rellenar los huecos, pero los científicos no están desde luego obligados a rellenarlos con las ideas prominentes en un momento de la historia.

Del mismo modo que los científicos del diecinueve no tenían ni idea de la teoría mecánico cuántica, tampoco los científicos actuales tienen la más remota idea sobre la ciencia de la mente que podrá desarrollarse en el futuro. Y si la ciencia algún día hace un progreso espectacular y los científicos empiezan a adquirir el conocimiento de Brahma, podrán ver con claridad la manera en que Dios interviene creativamente en los fenómenos de la naturaleza.

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